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Por Francisco Javier Dominguez

Para ser un matrimonio feliz es importantísimo que sean un hombre y una mujer de oración, personas profundamente metidas en el Corazón de Cristo. Y personas profundamente acostumbradas al sacrificio, a la abnegación, saber ceder por el otro, saber bajar la cabeza por que haya paz en el hogar. Evitar siempre la división del hogar. El demonio siempre quiere destruir la unidad familiar, por ello luchen por ella con uñas y dientes.

Sean muy transparentes el uno con el otro, no se guarden nada. Todos somos humanos e imperfectos. Nunca se escandalicen por los errores que ha podido cometer el otro. En las mismas circunstancias cualquiera podría haber caído también. Hay que saber perdonar y esperar. Cada uno tiene su tiempo de maduración, de darse cuenta de las cosas. Hay que tener MISERICORDIA ante las flaquezas del otro. Por ello NO TARDEN en buscar un director espiritual para su matrimonio, un sacerdote de buena doctrina que los ayude a crecer, a madurar y a ser mejores cristianos; y que lo tengan disponible para confesarse cuando lo necesiten.

Ponte muchas veces en el lugar del otro. No pienses solo en ti. Piensa en las necesidades del otro antes que en las tuyas. Cada uno tiene que ser el último para que el matrimonio sea feliz. Y estén siempre dispuestos a cargar con las cargas del otro.

Confiésense con un sacerdote al menos una vez al mes, y si pueden una vez a la semana mucho mejor. En la Confesión, Dios derrama una gracia muy especial y les dará luz y fuerza para caminar por el bien.

Compartan juntos un paseo, una película en el cine, una cena, una conversación… Pero solos. Cuando tengan hijos, déjenlos de vez en cuando con los abuelos o con unos buenos amigos. Tengan tiempo para ustedes e interésense cada uno por las cosas del otro. Es importante que compartan sus luchas, ilusiones, sufrimientos y alegrías. En el matrimonio hay que hablar mucho. Cuando se deja de hablar de lo que llevamos dentro el amor se debilita. En cambio la ilusión por sorprender al otro, por saber que le gusta, que le ocurre es buena tierra para un Matrimonio Santo.

Estén siempre muy unidos por la fe. Y nuestra fe se alimenta de muchas maneras, pero especialmente en la Santa Misa Dominical. No falten nunca juntos a la Santa Misa, y siéntense juntos para juntos alimentarse de la Palabra y de la Eucaristía.

Todas las mañanas de rodillas ante Dios, hagan la Señal de la Cruz y pongan su familia bajo la protección de la Trinidad Santísima. Una linda forma de hacerlo es besar el suelo y decir: “Te serviré Señor”. Hagan el ofrecimiento de obras y pidan el auxilio de la Virgen y la compañía de sus ángeles de la guarda, que cada uno ponga agua bendita en la frente del otro haciendo la Señal de la Cruz y una oración.

Que no haya una noche que se vayan a dormir sin darse un beso, hacer examen de conciencia del día y rezar tres Ave María que son prenda de salvación eterna, ofrézcanlas por la Pureza, la conversión de los pecadores y la Salvación del mundo. No se vayan nunca a dormir molestos. Antes de ir a dormir todos en el hogar deben estar Reconciliados y en la Paz del amor. Rocíen la cama y sus frentes con agua bendita.

Es muy importante que al menos una vez a la semana vayan juntos al Sagrario, y allí de rodillas frente al Señor, postrados ante Dios, pidan que se fortalezca su matrimonio, pidan perdón al Señor si no le están dando toda la gloria que tienen que darle con su unión, encomienden a sus hijos y sus familias. Terminen con esta oración:

Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman. Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, pido la Conversión de los pobres pecadores. Te pido en especial: Por el Papa y sus intenciones, por nuestro Obispo y sus intenciones, por todos los matrimonios, por nuestro párroco y sus intenciones

Y tras rezar un ratito, pueden leer su Biblia juntos

Preparen en casa un pequeño altar en donde haya una Biblia, un Crucifijo, Agua Bendita y una fotografía de la Virgen. Todos los domingos en la tarde, conságrense ustedes y a toda su familia al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María, invocando al Espíritu Santo sobre su hogar. Pidan la protección de la Santísima Trinidad sobre la familia. Los sábados recen juntos frente a la fotografía de la Virgen una Salve.

Recen cada día el Santo Rosario en familia. Esta será el arma más poderosa para su matrimonio y su familia. El demonio los tentará para que no lo hagan con mil problemas y cansancio, pero en esos momentos hay que dar la batalla. Aunque sea un solo misterio, ni un día desde que se casen dejen de rezar el Santo Rosario. Recuerden que en donde se reza el Rosario no falta lo necesario.

Recuerden que lo más importante en el hogar es la unión del matrimonio. Si los esposos no se quieren los hijos no serán felices, si los esposos no se perdonan, los hijos no serán felices…Sus hijos tienen que ver que ustedes se aman, que se dan un abrazo de vez en cuando, que tienen palabras de respeto y cariño entre ustedes, que se preocupan el uno del otro. No martiricen a sus hijos creciendo en un ambiente de frialdad. Los pollitos tienen que crecer en el calor del hogar, y el calor del hogar es el cariño, la comprensión.

Que nunca sus hijos los vean mentir, hablar bruscamente, hablar mal del prójimo, decir malas palabras… Ustedes son los maestros de sus hijos, y si no son buenos maestros crearán pequeños monstruitos llenos de odios y rencores. Si los hijos los ven perdonar, ellos perdonaran, si los ven amar ellos amaran

Nunca pongan a los hijos en contra del esposo(a), eso es una locura que hace mucho daño a los niños. Los padres tienen que ser una sola educación, una sola directriz, un solo plan… Las deliberaciones y discusiones se hacen en la intimidad y a los hijos se le dan razones claras y firmes.

Nunca hablen con sus respectivas familias de sus problemas o situaciones matrimoniales, ni con los amigos. Las cosas del matrimonio y el hogar, en casa se quedan. Si no, luego corre peligro la unión del matrimonio con el resto de familia y amigos. La familia y los amigos son para quererlos no para desahogarnos con ellos sobre los problemas de la intimidad del hogar. Para ello recuerden buscar un director espiritual que los ayude en los problemas y les escuche.

Sean un matrimonio generoso con el Señor. No pongan medios anticonceptivos en la relación conyugal, que eso pone muy triste al Señor. Aprendan y asesórense sobre los medios naturales. Además, Dios bendice a las familias con cada hijo que llega. No tengan miedo, sean valientes y Dios les recompensará. Nunca les faltará lo necesario. Recen y ofrezcan muchos sacrificios para que se dejen de cometer los abortos, que son crueles asesinatos que dañan mucho el corazón del Señor y la Virgen.

La Salvación del hogar se juega en gran parte en que sean un hombre y una mujer de Dios, nunca dejen de rezar por la conversión de cada uno de los que forman el hogar.

Que siempre crezcan los hijos sabiendo que sus padres ejercitaban la caridad con los más pobres, los enfermos, los más débiles. Que los vean ayudando al prójimo, compartiendo lo suyo con los más necesitados.

Bendigan siempre la mesa antes de comer, de esta forma los niños aprenderán la gratitud, muéstrenle que todo lo que se tiene en el hogar es don de Dios. Pueden emplear esta bella y sencilla oración:

Señor, bendice estos alimentos y a quienes los han preparado. Dale pan a los que tienen hambre y danos hambre de ti a los que tenemos pan. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

Sean positivos, alegres. No critiquen, no se quejen. Amen a sus enemigos y perdónenlos con el perdón del Señor.

En la circunstancias difíciles, cuando las cosas cuestan sacrificio, ofrézcanlo al Señor y a la Virgen: Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por las benditas almas del purgatorio, por la santidad de los sacerdotes, por las familias cristianas y en reparación por los pecados cometidos contra tu Sagrado corazón y el Inmaculado Corazón de María.

Cuando nos faltan las fuerzas para llevar a cabo algún trabajo, alguna penitencia, alguna abnegación: Por tu Gracia Señor y con la Fuerza de tu Espíritu Santo que yo pueda hacer tal cosa, que yo pueda soportar esa situación

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